encasillando mis vicios,
desconectando el mundo,
deslizando mi pincel
sobre el lienzo vivo
que es el tránsito efímero
entre la cuna y el ataúd.
Voy con corazones
destruidos, destructivos,
descorchando amores
de bragueta y revolcón,
desabrochando tabúes
al compás de mis instintos.
Voy a lo tuyo, ven a lo mío.
Voy sin ir, y mil perdones
pido al prometerte el mundo
tal y como lo veo.
Nada he de creerme
de lo que creas,
ni nada has de creer
de lo que veas
en este tránsito efímero
que soy de la cabeza a los pies.
Voy, solo voy, sin saber dónde.
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