Me abriré las venas, me saldrán palabras.

domingo, 28 de abril de 2013

Amanecer nocturno.

Se me pierden despertares
en los desquiciados bares,
borracheras de amor roto,
corazonadas atravesadas
por el silencio justiciero
que causa tanto alboroto
cuando no me encuentro.
Noche, hoy aquí, te necesito.

Brilla una luz cegada
en el siniestro y sombrío
amanecer de la noche.
Abriga su abrazo,
su ensordecedor infinito
y su promesa de ser joven
para siempre.
Noche, quédate siempre conmigo.

Con la entereza y la fiereza
del ave rapaz hambrienta
se clavan sus garras.
Sus ojos y los míos se encuentran,
y bailan, y besan la miel
en cada trago ardiente de whisky,
y suspiran titilantes mis pupilas,
dejando de ser yo,
para ser parte del abrazo eterno
de la luna llena.
Noche, bebe de mi sed conmigo.

Locura, sutura supurante,
vaso vacío de transparencia.
Llena mi copa, llena mi esencia
y pone a prueba cada empeño
en desatarme entre otras lenguas.
Dueño de mi locura,
esclavo de mi cordura.
Noche, en tu cuerpo haré camino.

Ayuda el soporte de otros labios
desgarrados por la mismas
borracheras de amor roto,
amor de contenedor,
o del simple castigo de la esquiva flecha
del desalmado Cupido.
Beber, reír, enredar los besos,
enredar la ropa, las sábanas,
los sudores y las pasiones
desatadas en el insólito y efímero ser
de cada amanecer nocturno.
Noche, volveré mañana, volveré contigo.

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