Se me pierden despertares
en los desquiciados bares,
borracheras de amor roto,
corazonadas atravesadas
por el silencio justiciero
que causa tanto alboroto
cuando no me encuentro.
Noche, hoy aquí, te necesito.
Brilla una luz cegada
en el siniestro y sombrío
amanecer de la noche.
Abriga su abrazo,
su ensordecedor infinito
y su promesa de ser joven
para siempre.
Noche, quédate siempre conmigo.
Con la entereza y la fiereza
del ave rapaz hambrienta
se clavan sus garras.
Sus ojos y los míos se encuentran,
y bailan, y besan la miel
en cada trago ardiente de whisky,
y suspiran titilantes mis pupilas,
dejando de ser yo,
para ser parte del abrazo eterno
de la luna llena.
Noche, bebe de mi sed conmigo.
Locura, sutura supurante,
vaso vacío de transparencia.
Llena mi copa, llena mi esencia
y pone a prueba cada empeño
en desatarme entre otras lenguas.
Dueño de mi locura,
esclavo de mi cordura.
Noche, en tu cuerpo haré camino.
Ayuda el soporte de otros labios
desgarrados por la mismas
borracheras de amor roto,
amor de contenedor,
o del simple castigo de la esquiva flecha
del desalmado Cupido.
Beber, reír, enredar los besos,
enredar la ropa, las sábanas,
los sudores y las pasiones
desatadas en el insólito y efímero ser
de cada amanecer nocturno.
Noche, volveré mañana, volveré contigo.
Me abriré las venas, me saldrán palabras.
domingo, 28 de abril de 2013
sábado, 20 de abril de 2013
Sin saber dónde.
Voy a trompicones,
encasillando mis vicios,
desconectando el mundo,
deslizando mi pincel
sobre el lienzo vivo
que es el tránsito efímero
entre la cuna y el ataúd.
Voy con corazones
destruidos, destructivos,
descorchando amores
de bragueta y revolcón,
desabrochando tabúes
al compás de mis instintos.
Voy a lo tuyo, ven a lo mío.
Voy sin ir, y mil perdones
pido al prometerte el mundo
tal y como lo veo.
Nada he de creerme
de lo que creas,
ni nada has de creer
de lo que veas
en este tránsito efímero
que soy de la cabeza a los pies.
Voy, solo voy, sin saber dónde.
domingo, 14 de abril de 2013
Perder.
No me asusta empapar de sudor
las suelas descosidas del suelo infinito.
No temo a las deshoras continuas
en gélido fuego, mientras yo tirito.
No me asusta el azar de la rota
y sombría caverna que es la oscuridad.
No temo a las quemadas estrofas,
llaves de grilletes, fugaz pedestal.
No me asusta caer desgarrando
el sonido azulado de verte pasar.
No temo despertar sin tu almohada
rozando tu cara, queriendo despertar.
No me asusta el asfalto esperando
caer desde abajo y romperme otra vez.
No temo respirar el desierto,
quiste polvoriento que tengo a mis pies.
Gritar el nombre del desconocido
que abraza cadenas de amores caídos.
Gritar el nombre desaparecido
del niño perdido en mis ojos torcidos.
No me asusta el destello del cielo
entretejiendo sueños, volando al marchar.
No temo al reloj que marchita
recuerdos y noches, locura y andar.
No me asusta danzar entre espejos,
fingiendo sonrisas, cegando la luz.
No temo desmentirme deprisa,
revivir muriéndome en el ataúd.
No me asusta volver y quedarme,
romper el alambre de mi corazón.
No temo vigilar los pasillos
que sed tienen de ver a la imaginación.
No me asusta el tiempo, ni el espacio,
ni el supuesto avanzar del alma en los años,
ni despertar sin tus labios, ni el cielo, ni el daño,
ni gritar en silencio el recuerdo prohibido.
No temo perderme, encontrarme y odiarme,
ni escuchar al olvido llamando a mi puerta,
ni las espinas de la rosa más bella,
ni el persistente olor a vida muerta.
Temer perder es perder.
las suelas descosidas del suelo infinito.
No temo a las deshoras continuas
en gélido fuego, mientras yo tirito.
No me asusta el azar de la rota
y sombría caverna que es la oscuridad.
No temo a las quemadas estrofas,
llaves de grilletes, fugaz pedestal.
No me asusta caer desgarrando
el sonido azulado de verte pasar.
No temo despertar sin tu almohada
rozando tu cara, queriendo despertar.
No me asusta el asfalto esperando
caer desde abajo y romperme otra vez.
No temo respirar el desierto,
quiste polvoriento que tengo a mis pies.
Gritar el nombre del desconocido
que abraza cadenas de amores caídos.
Gritar el nombre desaparecido
del niño perdido en mis ojos torcidos.
No me asusta el destello del cielo
entretejiendo sueños, volando al marchar.
No temo al reloj que marchita
recuerdos y noches, locura y andar.
No me asusta danzar entre espejos,
fingiendo sonrisas, cegando la luz.
No temo desmentirme deprisa,
revivir muriéndome en el ataúd.
No me asusta volver y quedarme,
romper el alambre de mi corazón.
No temo vigilar los pasillos
que sed tienen de ver a la imaginación.
No me asusta el tiempo, ni el espacio,
ni el supuesto avanzar del alma en los años,
ni despertar sin tus labios, ni el cielo, ni el daño,
ni gritar en silencio el recuerdo prohibido.
No temo perderme, encontrarme y odiarme,
ni escuchar al olvido llamando a mi puerta,
ni las espinas de la rosa más bella,
ni el persistente olor a vida muerta.
Temer perder es perder.
viernes, 5 de abril de 2013
Besos con besos.
El reloj desdibujaba las horas.
Sus manecillas querían volar.
Sus engranajes desconcertaban
los calendarios de la soledad.
El día llega, la noche apremia,
las suaves fieras queman aceras.
Los besos vagos, las risas frescas.
Los "para siempre", de uvas a peras.
Con labios rotos de andar desnudos
por otros labios más iracundos.
Lengua de amar sin amar siquiera,
lengua de lenguas que nunca espera.
Se abren los cielos entre esas piernas
llenas de estrellas y de promesas.
Lluvia en sudores, lujuria enferma,
pasión de excesos, pasión obsesa.
Y el suave roce de mis senderos
burlando el surco de tus desvelos.
Buscar a oscuras calor ardiente,
besos con besos, frente con frente.
El reloj ruge, se van las horas,
el día llega, la noche apremia,
Llueve de lejos, entre las calles,
otros desvelos, otras caricias.
Sin más tropiezos no hay vida entera,
sin esas noches quemando velas.
Surcando amores de superficie,
para qué más, hoy no es posible.
Pasión desnuda, pasión perversa,
pasión salvaje la que hoy me besa.
Sus manecillas querían volar.
Sus engranajes desconcertaban
los calendarios de la soledad.
El día llega, la noche apremia,
las suaves fieras queman aceras.
Los besos vagos, las risas frescas.
Los "para siempre", de uvas a peras.
Con labios rotos de andar desnudos
por otros labios más iracundos.
Lengua de amar sin amar siquiera,
lengua de lenguas que nunca espera.
Se abren los cielos entre esas piernas
llenas de estrellas y de promesas.
Lluvia en sudores, lujuria enferma,
pasión de excesos, pasión obsesa.
Y el suave roce de mis senderos
burlando el surco de tus desvelos.
Buscar a oscuras calor ardiente,
besos con besos, frente con frente.
El reloj ruge, se van las horas,
el día llega, la noche apremia,
Llueve de lejos, entre las calles,
otros desvelos, otras caricias.
Sin más tropiezos no hay vida entera,
sin esas noches quemando velas.
Surcando amores de superficie,
para qué más, hoy no es posible.
Pasión desnuda, pasión perversa,
pasión salvaje la que hoy me besa.
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