Despierto y ya estoy perdido.
Trágame tierra,
hazme de barro
o de pura mierda,
pero raja de una vez este descosido.
No tarda la primera puñalada,
el primer sabor a miseria y entrañas de la mañana.
Me cago en Dios y no siento nada.
Me cago en Dios hasta la madrugada.
En el transcurso de los acontecimientos
otra bala me alcanza.
Buscaba a tientas el corazón.
“Ya no está,
se fue a encontrarse con sus sueños
o a mendigar cigarros,
no lo entendí bien.”
Frente al espejo
me doy cuenta de que la suerte nunca está
para las duras y las más duras.
El mundo estaba loco mucho antes de llegar.
Ya no intento comprenderlo,
solo quiero verlo arder.
Pero eso que llamaba corazón
me robó el mechero.
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