Me abriré las venas, me saldrán palabras.

martes, 4 de noviembre de 2014

Llamada en espera

Me faltas.
Nunca es tarde para decirlo
aunque el reloj me lleve la contraria.
Te llamaría,
 con la voz entrecortada,
nervioso como siempre
y con la mano en el bolsillo,
buscando en su vacío
las palabras que ya sé,
pero que me saben a poco,
porque poco saben de mí contigo.

“Te echo de menos.”

Impactan, sin salir aún de entre mis dientes
como un rayo de luz en la mirada de un condenado a muerte
en todas las caricias que no llegaron a tocarnos,
en todos los besos que no llegaron a salvarnos,
en todos las calles que no nos llevaron a cruzarnos,
en todas las sonrisas que quisieron evitarnos,
en todas las canciones que te canté en silencio,
en todas las palabras que se quedaron, como ahora,
mudas al verte.
Como yo,
siempre.

“Pienso en ti más de lo que debería, menos de lo que me gustaría.”

No está lloviendo
pero tu ausencia es tormenta
y mi corazón tiene goteras.
Los ventrículos se inundan
(creo que de nostalgia)
Y yo me mantengo a flote
sobre el recuerdo,
un tanto corroído por la lluvia
(sí, nostalgia);
en ellos
brilla tanto el sol en la comisura de tus labios
que besarte es hacer estallar el universo en mil pedazos.
Casi se acerca a la realidad.
Solo casi.

“Tengo unas ganas de verte que me muero.”

No sé de amaneceres cálidos
sin tu cuerpo desnudo a milímetros de distancia,
ni de canciones de amor
más allá de tus gemidos ahogados cuando te corres.
No sé hablar francés, ni montar en moto,
ni actuar, ni jugar al tenis.

No tengo ni idea de matemáticas,
pero siempre resuelvo la incógnita
cuando te sumo a las ecuaciones imposibles
que me propone la vida
cada día.

Sé poco, prácticamente nada.
Pero sé
que te llamaría ahora mismo
y con el corazón haciendo aguas,
como siempre,
viviría en el eco de tu voz,
entretenido.
Como Robe.


“Te quiero, mi vida, no lo olvides nunca.”

martes, 21 de octubre de 2014

Por sentirte sonreír

Hasta donde acaban mis versos
llegan las ondas expansivas
de tus besos,
y atizan
con la dulzura de un Abril en Venecia
los desolados abrazos de la melancolía.

He sentido derrumbar
murmullos ahogados
en copas vacías;
delirios taciturnos
en insomnios sin salida;
los cigarros de antes
sin los incendios de después.
He sentido el derrumbar
de mis muros de cicatrices
por la culpa (tan bendita)
de tu piel rozando la mía
al compás de absurdas ilusiones
descosidas por cada “te quiero” tuyo.

Y que me quiero tuyo es una realidad absoluta
en estas líneas que hablarían mejor de ti
si no fuera yo quien hablara.

Sé que el romanticismo se te atraganta.
Que  piensas que los 14 de Febrero
son para los que no se quieren todos los días.
Pero también sabes
que mi romanticismo comienza en tu cuello
Y acaba donde empieza mi locura.
Que los mejores poemas
siempre los tengo en la punta de la lengua
y que a falta de palabras
me sobra tu piel para inspirarme.
Que mi descontrol kamikaze siempre apunta hacia ti,
y yo, simplemente, me dejo llevar.

Me dejo llevar hasta que el tiempo dice “basta”.
No hay mayor verdugo que un tic-tac relativamente efímero,
o esperas llamando a la puerta de lo eterno.

Pierdo la cabeza entre líneas
cuando, en realidad,
me sobran todas y cada una
para decirte que cuando te siento sonreír
me sonrío encima;
para decirte que mis poemas te odian
porque se han cansado de que sean también tuyos;
para decirte, sin tiempo apenas,
que hasta donde acaban mis versos
llegas tú.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Ven

Ven.
Te necesito.
No quiero seguir mirando el reloj
y sumando al segundero
segundos que aún no han pasado
para que llegue antes el momento
de volverte a besar.

Ven.
Aquí hace frío.
Seamos el incendio
que desintegra hasta los cimientos
de la realidad.
Seamos primavera entre la nieve
y dejemos las sábanas
empapadas de amor
y cenizas.

Ven.
Hazme infinito.
Volvamos a empezar
a besarnos los defectos
con los labios a punto de enloquecer.
Volvamos a escribir
un final feliz constante
con nuestras lenguas
en nuestra espalda.
Volvamos a dejar
las calles mudas
temblando alrededor
de nuestras manos entrelazadas.
Seamos ola y arena,
mar atormentado y luna llena.

Ven.
Muere conmigo.
Huye conmigo
de la maldita nostalgia,
de esa puta locura
que me destruye
cuando abrazo tu ausencia.

Ven.
A nuestro último beso me remito
para saber
que no va a ser el último.

Así que,
por lo que más quieras
y también odies (aunque sea a ratos),

ven. 

domingo, 15 de junio de 2014

El "hoy" del mañana

Hoy no bailan las estrellas,
no giran los planetas,
no brilla el sol,
no escuece la luna,
no sirven las palabras
ni tampoco el silencio
para que el mundo
recoja el color
que han perdido mis ojos.

Hoy apestan las tinieblas.
El cielo se tiñe de asfalto
y sobrevuelan,
despedazando dulcemente
la claridad del olvido,
punzantes microsoledades
sobre mi cabeza.

Hoy se pudren las sombras.
Las cuerdas de la guitarra
saben a melancolía
mezclada con desafinadas
melodías de esperanza;
los dedos me tiemblan
de no encontrar dónde agarrarme;
Los pasos en falso se multiplican
debajo de mis pies;
el norte se ha perdido en el mismo lugar
donde encontré las ganas de perderme para siempre.

Hoy me lo meto entre ceja y ceja,
antes de que este nudo en la garganta me ahorque;
antes de que suspire y se me escapen los sueños sin querer;
antes de que otra lágrima recorra de principio a fin mis cicatrices;
antes de que pierda el sentido de la vida,
antes de que deje de encontrarme.


Hoy no sabe el sol salir entre las nubes. 

martes, 13 de mayo de 2014

Sus más y mis menos

Vuelan por su cabeza
todo golondrinas,
y danzando los colibrís
por sus labios,
aletean sin parar
hasta dejarme
la boca  llena
del néctar que absorbió
hasta la última gota
de mis tormentas.

A sus pies el mundo
y qué más le da
si va contando estrellas
por mis brazos,
y a punta de beso
me atraca y me secuestra,
me seduce y me tienta,
me arrastra hacia ella
con la misma fuerza
que impacta una bala
de su calibre
en mi sesera.

Tan bonita
como ver llover desde su piel,
como beber(mela) hasta la última gota,
como follar hasta querer (la) con locura,
como perderse (en ella) y, al fin, encontrarse.

En sus pájaros sin norte fui a buscar mi brújula,
Y acabé, no solo náufrago, también demente.
Encallado en la locura, atisbando en el horizonte
su sonrisa, desnuda y triste, pero siempre deslumbrante.

Podría decirle
que nada es como siempre,
y qué se convirtió en ese domingo cumplido,
el que Rulo, yo, y otros tantos, compartíamos,
jurándonos cambiar de vida… y nada más.
Así, no hay quien la odie sin quererla un poco más.


Vuelan por mi cabeza
sus golondrinas,
sus malos sueños,
sus despedidas,
sus besos de fuego,
Su cuerpo de caramelo.
Su voz, mi música.
Sus más y mis menos.
Sus cuentos, sus llantos, sus anhelos.

Joder, aun cuando siempre que quiera la tengo,
hoy, y siempre,

la echo de menos. 

miércoles, 12 de marzo de 2014

Hasta ponerme las botas

Surcaba por mi mente enrevesada
una canción lacónica y desesperada,
asustada.
Dolía en cada nota,
y hasta ponerme las botas de llanto
la escuché.

Susurraba cuánto me anhelaba,
en su seno de amargura cálida y frágil,
rota por dentro,
a duras penas y flojas alegrías
susurraba cuánto se alejaba
de todo lo que quería,
y hasta ponerme las botas de espanto
la escuché.

Supuraba rastros de inocencia perdida,
como si las lágrimas más bellas
de sus ojos
sufrieran,
lloraran,
murieran de locura agónica y seca.
Supuraba rasgos de anhelo infinito,
y hasta ponerme las botas de quebrantos,
la escuché.

Se marchó,
y marché.
Sin más despedidas
que una cortina de humo
entre los dos.
Una matrioska llena de mentiras
y de desengaños.
Se marchó,
y hasta ponerme las botas de desencanto,
me escuché,
y jamás, pero jamás,
volví a escucharla susurrar, supurar ni surcar
en la oscuridad de la noche.

domingo, 9 de febrero de 2014

Poesía, papel y silencio (I)

El papel será esta vez
el único testigo
de tal afán de protagonismo,
el mío.
Porque de tus sonrisas
más sinceras
he venido a ser
(y seré)
culpable.

El papel será esta vez
un perpetuo prisionero
de todos mis desvaríos
y de algunos,
si no me lo impide
esta sinrazón de ser,
desvelos.
Porque me siento
a mirar el olvido
desde tus ojos
como ese fin de trayecto
que,
a cada día que pasa,
lo veo más lejos.

El papel será esta vez
una canción desordenada
y desorientada
entre las melodías (siempre arrítmicas)
de mil y un susurros,
los que se me escapan
y los que nunca quise atrapar.
Porque de todo lo que digo
eres todo lo que callo,
y así vivo.
Enamorado del silencio.

El papel será esta vez
un rescate en alta mar,
o en la orilla de la playa,
si yo me ahogo en un vaso,
siempre medio lleno de lo más insano.
Porque me bebí tus besos
de un solo trago
y ahora,
por más que te beba,
siempre acabo
pidiendo otra ronda.
Nunca tengo suficiente
y esta sed que me consume
a la vez me mantiene vivo.

El papel será esta vez
todo lo que quieres que sea.
Un barquito de vapor
surcando tus ojeras
o un velero naufragando
por el mar de tu entrepierna;
o si quieres no será nada,
nada de lo que no quieras.


Porque el papel soy yo,
y tú, su poesía.

domingo, 12 de enero de 2014

*7/10/2009*

Me he cansado
de morir en vida
y de vivir muriendo
cada día un poco más,
por razones que desconozco
y las que he perseguido
me han acabado
por destrozar.

Me he enseñado 
a la vida
de mala manera,
y ella se ha vestido
con sus mejores trajes,
de malos hábitos 
y vicios y perdiciones
y putas locuras
que me llevaban
en volandas hacia algo parecido
al paraíso.
Y qué bien me mentía.

Me he dejado estrellar,
una y otra vez,
perdiendo el Norte y el reloj,
o la brújula y el tiempo,
a saber.

Me he dejado enredar
por las noches frías,
por tragos agridulces
de soledad vacía,
por ventanas opacas,
y sábanas secas,
que ya ni llorar me sale bien.

Me he dejado gritar
por el silencio
y ya solo me sale
quedarme callado
y esperando
a que se marche
por la puerta de atrás,
tal y como vino,
cuando tú te fuiste.

Tal y como vino el sol
a despedirse
cuando tú te fuiste.

Tal y como vino la soledad
a enamorarse
cuando tú te fuiste.

Tal y como vinieron los vicios
a enterrarme
cuando tú te fuiste.

Tal y como vino la vida
a matarme
cuando tú te fuiste.