A veces pienso
en todas las hermosas
puestas de sol
que se posan en mi ventana.
Cálidas, tenues y efímeras.
En todas ellas
me falta un beso
del sol marchito,
un susurro infinito
para un obseso
de poemas no escritos
en la piel.
A veces pienso
que me falta tiempo
para encontrarme.
A veces me encuentro
totalmente distinto.
Siempre a destiempo,
quitándome el sueño
un pequeño instinto
aniquilador
me derrama en la cama.
Y ahí, como si nada,
me convierto
en mi propia pesadilla.
A veces pienso
dejar al mundo
con sus labios radiantes
de espejismos que matan
cuando se van.
Que si naufragio,
sea entre sudor,
sábanas y alcohol.
Que si muero,
sea de placer
al ver amanecer
un orgasmo en cada
poro de la piel.
A veces pienso
y me entierro.
Lentamente me dejo enterrar
por la tierra,
el frío desolador del vacío,
el surco putrefacto de la inexistencia,
la muerte de mi recuerdo
en el corazón de cada rostro
que a día de hoy, olvido.
A veces pienso,
y cuanto más lo hago,
más insisto
en dejar de hacerlo.
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