Gozaron de miel los enjambres de acero,
forjaron perdidas estrofas de amor.
Probaron la cruel tempestad los marineros
que osaron navegar por tu sudor.
Y acabas.
Respira el silencio de nuevo,
frágil torpeza la mía,
sutil gentileza la tuya
al decirte "te quiero"
en mi mente, y que digas
"hasta mañana, quizás."
Y escapas.
Suspira la vela que se apaga,
como antorcha inmortal
tu recuerdo atravesaba
cada hueco entre las sábanas.
Y cuento.
Un segundo por cada hora.
Una historia por cada beso.
Un sueño por cada fracaso.
Un adiós por cada amanecer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario