Dijimos, cayendo desnudos en el barrizal
"No hay limas para escapar de este infierno".
Dijimos del lienzo que nunca pudimos pintar
"Otros dedos harán de él su sustento"
Dejé de pensar que olvidaba el sumiso cantar
al amanecer traicionero, condena del existir.
Dejé anochecer mis tormentos en tu pedestal,
para, entre los sueños que tengo, dormir.
Volaba una sombra gritando dentro del portal
de mis cosas, tan pocas, que nada podré si me enfrento.
Se queda en silencio a la espera de darme un hogar.
"Tranquila, bonita, ya tengo desdén por tus adentros"
Fijé en la mirada de un cuervo un sencillo acabar.
De sus alas negras el negro me quedo en el cuerpo.
De su pico firme sus puertas a otros ojos cuerdos.
Y de sus entrañas el miedo a dejar de volar.
Cubrí de zarzales el cielo para subsistir.
Ya solo me quedan cenizas que al viento entrego,
de los recuerdos entretejidos en mi elixir,
rocas pedregosas de todos mis amuletos.
Cabría esperar de esta hazaña un duro porvenir,
un sendero de enjambres ardiendo, estallando por dentro,
una cima, acaso infinita, defensora de desistir.
No será de mí alma su alimento.
Y hasta entonces, otra noche en mi agujero.
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