Te ríes, coqueta.
De mí, tan perfectas
tu risa, tus tretas
que nada me queda
que caer.
Mentiras.
"Te extraño"; si acaso...
"Te quiero"; más lejos...
"Me importas"; te exporto...
Si acaso, lo llamaré
el curioso caso
de las palabras
que me tragué.
Poeta.
Me llamo poeta,
me llamas nada.
Me quedo a las puertas,
me quedo por nada.
Mirando embobado
vería en tu jardín
las mismas, bonitas
flores que te perdí.
Y hasta sangrando espinas,
me quedé.
Piedra.
Eres mi piedra.
Bonita, eterna.
Tropiezo de boca,
y aun así los besos
se pierden a solas.
Qué cómodo el suelo.
Me quedaré tropezando
un poco más.
Tiempo.
Quédate un rato conmigo.
Un segundo primero,
un "siempre" segundo,
y vete, como ahora,
vete para nunca.
Otro segundo más
desesperaré.
Adiós.
Simplemente, hasta... ¿pronto?
Solo el tiempo sabe
si volveré a caer al suelo,
a besarte, bonita,
a beber de tus mentiras
un poco más,
a llamarme cobarde
por volver a caer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario