Me abriré las venas, me saldrán palabras.

domingo, 3 de febrero de 2013

Humanos contra humanos.

Qué trágico es el mundo cuando quiere. Ya lo decía Rulo: "Noticias tristes, buen telediario". Asistimos a una barbarie tras otra de lo que llamamos 'civilización', y por cada muestra de amor, cariño y empatía por los demás, un hombre mata a su mujer a cuchilladas, un niño muere en un atentado, un político se guarda en el bolsillo otro sobre y jode a miles de ciudadanos por llevarse un pellizco, y otros tantos actos que ponen la duda en mi cabeza de si el ser humano no es otra molesta mosca en la evolución del mundo hacia un estado superior. Es verdad, somos más inteligentes, podemos crear herramientas, controlar nuestros instintos (a veces), pero todo eso pierde sentido si la inteligencia la usamos para controlarnos, si creamos herramientas para destruirnos los unos a los otros.

Violencia, salvajismo y opresión. La historia del mundo y su ley del más fuerte no ha dejado indiferente a ninguna especie, y mucho menos a nosotros. El poder lo es todo, o al menos eso nos quiere enseñar esta sociedad tan podrida como el cadáver de lo que antes era la democracia. Hay demasiados proyectos de simio que aún creen que la fuerza es el único método para moldear el presente y cambiar el futuro. Qué fácil es dejarse llevar por la rapidez de los acontecimientos y sus inminentes consecuencias...

Patético. El mundo agoniza y nosotros aún seguimos intentando imponer nuestra ley sobre los demás. ¿Entenderse, aceptarse y comprenderse? ¿Eso se come? Y para variar, los que pueden cambiar el destino de esta gran bola azul solo se preocupan porque a su ombligo no le falte atención, para variar. Decencia, honradez, honestidad, sacrificio... y otros mitos de la humanidad.

Se acaba el telediario y todo sigue igual. Nos horrorizamos un momento, y luego a ver a la Esteban, a Mermelada y todos esos proyectos de basura que se quedaron en puro excremento de elefante. Entretenimiento barato y simplemente asqueroso.

"Humanos contra humanos, fácil desangrarnos". ¿Qué me queda por esperar de un mundo donde se mata por diversión? ¿Qué puedo esperar de una sociedad que se dejó en el cajón de los calcetines todos los valores de los que tanto presume? ¿Qué puedo esperar de miles y miles de injusticias propiciadas por la codicia, la avaricia y el instinto de poder?

No sé qué esperar, pero mientras espero, me voy a ver excrementos de elefante.

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