Déjame empezar de otra manera.
No me despego del suelo,
beso su fría cabecera
y me duermo, dejando mis sueños
a ras de cielo.
Déjame encontrar otra manera
de perderme entre las horas.
A ver si así ya no despierto,
a ver si así no me condena
el reloj a vivir muerto.
Déjame contarte las estrellas
que cosí en el cielo con la aguja
del recuerdo hirviendo dentro.
Se me clava entre las cejas,
hasta mi próximo encuentro
con la sombra de la sepultura.
Déjame caer a los pies del pasado,
rendirme a lo que he sido, un desengaño.
Pedir perdón a ratos no hace daño.
Déjame caer de la cama por el lado
donde el suelo más cercano esté
a mis sueños.
Déjame que corra el tiempo en mi reloj.
Que el tic-tac recorra los rincones
de mi imaginación.
Y así volver descalzo a pisar el suelo.
A levantarme, con el recuerdo entre dientes
y mirar al cielo una vez más.