Me abriré las venas, me saldrán palabras.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Camino al recuerdo.

"Volvió a casa dispuesto a esperarla. Sabía que se había marchado para no volver, pero aún así la esperaba. El rojo de sus labios se dejaba ver en su mirada perdida. La había buscado por todas partes, sin llegar a encontrarla. Y decidió dejar de buscar, por si ella decidía volver, y allí estaba, dispuesto a esperarla.

La echaba de menos. Su rostro, marcado por la falta de sueño y por el intermitente río de lágrimas que se dejaba ver de madrugada, estaba totalmente desdibujado. Sus ojos habían perdido el color verde intenso que los distinguía de tantos otros, se habían tornado rojos como los labios que tanto se dejaban ver en ellos si los miras de cerca. Esos labios con los que tanto había soñado y que ahora no lo dejaban dormir. Y por si fuera poco, la echaba de menos.

Se culpaba a si mismo. Quería ser la razón de sus sonrisas, el sol de cada amanecer, la primera flor de cada primavera... quería serlo todo para ella. Habría luchado contra viento y marea para que fuera feliz, para que sus lágrimas nunca fueran amargas. Habría llegado al horizonte de cada atardecer a robar la última luz del día solo para que sus ojos brillaran por siempre. Le habría secado las lágrimas con cada poro de su piel. Lo habría dado todo por ella. Y aún así se culpaba a si mismo.

Quería verla. Pese a que sentía una rabia enorme por todo lo que le había hecho pasar, quería volver a mirarla a los ojos, abrazarla, sentirla cerca. Quería sentir su respiración entrecortada chocando contra cada latido de su roto corazón, quería apartar el aire que separaba sus cuerpos, quería agarrarle suavemente la mano y susurrarle al oído "No estás sola, estoy aquí". Llenarla de la más bonita melodía que marcara el calor de sus besos. Miraba por la ventana ensimismado y pensando que su vuelta solo le traería malos recuerdos. Pero quería verla.

Se acostó en la cama con la suavidad de una pluma. No tenía fuerzas ni para desabrocharse el cinturón y taparse con esas sábanas tan necesitadas de otro olor, de otro sudor, de otra vida. Miraba el móvil como el pirómano mira el fuego. Ni una llamada, ni un mensaje, solo un fondo oscuro y una hora demasiado funesta como para romper a llorar. Las lágrimas comenzaron a caer sobre sus sábanas, otra vez, con la suavidad de una pluma."

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