Resaca. "Maldita resaca", piensa. Se da la vuelta para volver a dormir, pero el remordimiento de una noche de tortura y el insoportable taladro que retumbaba en su cabeza hacían imposible tal placer. Se levanta, sumiso y embobado, intentando encontrarla de nuevo asomada al balcón y dándole caladas a esa brisa llamada felicidad. "Idiota", musita entre dientes. Tan sólo había sido un sueño. Ese balcón no existía, esa calada no tuvo lugar, esa felicidad no tenía razón de ser. El nexo entre ilusión y realidad era esa figura esbelta, tierna y delicada asomada al balcón inexistente. Pero ella sí existía.
Y probablemente eso fuera lo que más dolor le causaba. Le debilitaba cada vez que la recordaba, y eso pasaba con mucha frecuencia. Aunque con la práctica había conseguido disfrazar la tristeza con sonrisas forzadas e intentos de ironizar la realidad.
En ese momento de locura transitoria se dio cuenta de que había malgastado todo su tiempo en una ilusión fundada en simples palabras vacías. "Pobre idiota", repetía para sí una y otra vez.
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