Me abriré las venas, me saldrán palabras.

miércoles, 29 de agosto de 2012

18 de abril de 2011.


Me llevó casi un año terminarla. No es brillante, no es profunda, incluso es podría calificarla de simple, pero se merece una entrada en mi blog. 
"Camino a la esperanza".
Empieza a caer la noche en vela...
Nada me aparta de seguir tu estela...
En la lejanía cae mi alma perdida.
Lejos, amiga, mi sol se castiga.
Dentro de mí crece el lamento.
En tierra triste y olvidada
Siempre camina lo que siento,
Tropezando con el recuerdo,
Inventando oscuros caminos,
Nublando toda madrugada...
O sólo buscando un destino.
Es extraño tocar tu sombra invisible...
Nada más lejos, pierde lo imposible...
Larga capa de rosas cubre la pradera...
Aún no saben que se fue la primavera...
Fuerte marea azota esta orilla.
Enferman las olas, quieren llorar.
La luna se fue, mal de pesadilla.
Inútiles lágrimas, no volverá.
Caen del cielo, buscando consuelo.
Invaden mi mente, invaden mis sueños.
Dándome el aliento, cansado de la verdad.
Atravesando el bosque nacido en mi techo.
Distante es el camino a la felicidad.
Empieza a sonar la misma melodía...
Nadie escucha, sólo la melancolía...
Luces bohemias cubren los mares.
A oscuras mis penas, alumbrados mis pesares.
Venga el frío, el temido invierno,
Incluso el golpe de la última caída.
Dejaré de pensar en las noches en vela.
Acabaré la historia encontrando la vida.
Esa sonrisa que nunca dijo nada...
Niega el silencio, oculta tu mirada...

Llegó el momento de dejar de latir.
Ahora, corazón, te toca partir.
Ansias de vida, ansias de nubes.
Miro el reloj, miro la nada.
Impacienta esa cumbre, esa escalada.
Sólo yo mismo seré mi equipaje.
Tarde para volver, pronto para el viaje...
Adivina, adivinanza...
¿Dónde escondimos la esperanza?

martes, 28 de agosto de 2012

Forajido de la deshora.


La penumbra de la indecisión.
El caminante de la sombra.
La premisa de la sinrazón.
El prólogo de ninguna obra.

Cómo me nombra el silencio,
"forajido de la deshora".
Cómo el desaliento demora
las sonrisas que no presencio.

Soñé de día la luna en el mar,
solo robando un sueño despierto.
Sentí, detrás de mí, al respirar
el aliento del sol a cielo abierto.

Al suelo, como si nunca fuera,
pero siempre cayendo dentro.
Me arriesgo en el borde...
"¡Al cuerno!"
Dejé de mirar lo que no me espera.

Me haré una sonrisa redentora
con hilos de lo que nunca quise.
Válgame esa sonrisa traidora
para dejar que mi huella pise.

Cómanse mis entrañas los cimientos
de cada decisión mal equivocada,
y por cada ilusión que quise forzada
destrónenme de mis tormentos.

Siempre soñando, a veces cuerdo.
Siempre intentando, a veces vuelo.
Siempre callando, a veces muerdo.
Siempre cayendo, al siempre suelo.

"Hermosa es una vida que tiene realidad
en el más profundo pensamiento,
y al dolor me remitan si miento,
pues así nos reiremos de la felicidad."

lunes, 20 de agosto de 2012

En busca de la felicidad.

Nunca es fácil hablar de la felicidad. Y no hablemos de describirla, no podría acabar nunca. Y dentro de lo que yo soy, fui y seré, siento la necesidad de compartir esa idea de felicidad que tantas noches me roba el sueño.

¿Queréis una definición? Demasiado complejo. La felicidad se sueña, se siente y se añora. Es ese biberón templado que preparaba nuestra madre con dulzura para que dejáramos de berrear, esas bolsas de patatas que venían con dos tazos en vez de uno, esa canción que tanto te gusta al escucharla en la radio... Y la lista es interminable.

Nos pasamos la vida entera creyendo que la felicidad está relacionada con nuestros sueños más profundos. No os voy a mentir; yo también lo creo. Y es de esos sueños de los que vivo, vives, vive, vivimos, vivís y viven. La oportunidad de cumplirlos nos hace inmensamente felices durante un tiempo.

La felicidad lo cambia todo. El sol brilla con más fuerza, la comida sabe mejor, el mundo parece menos... agresivo, intransigente, cruel y despiadado... Todo por esa sensación de bienestar que nos inunda cuando estamos radiantes, alegres, totalmente ajenos a los problemas o simplemente barriéndolos bajo la alfombra momentáneamente. La felicidad no entiende de tiempo, lugar o persona. Sólo entiende de ti mismo.

Pero, desgraciadamente, lo que fácil viene, fácil se va. Incluso lo costoso y difícil suele irse con una facilidad pasmosa. La vida tampoco entiende de tiempo, lugar o persona. Simplemente actúa, devorando ilusiones, sonrisas y alegrías a su paso. Y nos tira al suelo brutalmente. Nos humilla, nos escupe y nos da patadas. Nos grita al oído lo malos que somos y lo que nos merecemos. Así hasta nuestro último aliento.

Sin embargo, el ser humano no siente predilección por la eterna agonía del sufrimiento. Cuando caemos, nos aferramos a lo que nos alivia, aunque no nos haga felices: el recuerdo, la música, el llanto, el silencio... Nos resistimos a la vida. Es ahí, en ese momento de oscuridad, cuando decides encender un fósforo e iluminar poco a poco el cielo. Decides mirar a tu alrededor; a tu familia; a tus amigos; a ti mismo; a ese gato que creyó que podía saltar de una estantería a otra. Aunque te cueste, te levantas. Y tras morder el polvo por enésima vez, reactivas esa búsqueda incesante e infinita, insaciable en si misma y portadora de todas tus esperanzas: la felicidad de seguir viviendo por tus sueños.

(To be continued...)

sábado, 11 de agosto de 2012

La vista atrás (II)

Amanece. El sol posa su inocencia sobre el cielo eterno, mientras los últimos despojos de una noche interminable van dejando paso al típico alboroto de una mañana ajetreada. Las calles, poco a poco, se van llenando de aliento fresco y risas despiertas, todo ello alimentado por una suave brisa que incitaba a la relajación y la felicidad.

Resaca. "Maldita resaca", piensa. Se da la vuelta para volver a dormir, pero el remordimiento de una noche de tortura y el insoportable taladro que retumbaba en su cabeza hacían imposible tal placer. Se levanta, sumiso y embobado, intentando encontrarla de nuevo asomada al balcón y dándole caladas a esa brisa llamada felicidad. "Idiota", musita entre dientes. Tan sólo había sido un sueño. Ese balcón no existía, esa calada no tuvo lugar, esa felicidad no tenía razón de ser. El nexo entre ilusión y realidad era esa figura esbelta, tierna y delicada  asomada al balcón inexistente. Pero ella sí existía.

Y probablemente eso fuera lo que más dolor le causaba. Le debilitaba cada vez que la recordaba, y eso pasaba con mucha frecuencia. Aunque con la práctica había conseguido disfrazar la tristeza con sonrisas forzadas e intentos de ironizar la realidad. 

En ese momento de locura transitoria se dio cuenta de que había malgastado todo su tiempo en una ilusión fundada en simples palabras vacías. "Pobre idiota", repetía para sí una y otra vez. 

lunes, 6 de agosto de 2012

Life is ours, we live it our way.

Esta vez no habrá poesía. Al menos no de mi tintero. Prefiero que sea la música la que hable por mí esta vez.