Bailan distantes los silencios
bajo la locura distópica
que dijo basta a la suerte
cuando empezaste a buscar
la eternidad en mi mente.
Crecen por dentro enredaderas
de espinas rojas, de flores fieras,
que vieron presa en mi miocardio
cuando empezaste a besar
la sangre que surcaba mi epitafio.
¿Será esta sed de infinito y sin calificativos
el amor en bruto que nunca nos enseñaron?
¿Será esta distopía demente y sin paliativos
el premio final que siempre nos negaron?
Será, por su propio peso,
un horizonte indeterminado de sucesos,
una singularidad perfectamente desdibujada,
una gravedad de constante ilimitada.
Será; nunca hubo dicotomía.
Será, por su propia esencia,
del abismo sin red su decadencia,
del espejo vacío su mejor reflejo,
del reloj sempiterno su segundo más viejo.
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