Nunca pensé
que pudiera pensar en querer a alguien
hasta la lágrima,
o hasta que los cerdos que ya volaban en mi cabeza
empezaran a comerse a las ranas
más peludas
que nunca he llegado a imaginar.
Nunca imaginé
que la negra Marea
nos arrastraría con rabia
hasta la misma orilla,
donde a falta de ron y oro
sobran besos con sabor a anhelos.
Donde me cortaré el gaznate
si te duelo como el fuego
en el fondo de tu mar.
Donde llore el olvido
por cada recuerdo
que no se llevará.
Nunca llevaré,
no como la soga al cuello
o el terremoto tras el esternón,
la palabra “odio” cosida en la sangre
si vuelvo la vista y te veo
descosiéndome los sueños
para en ellos transformarte.
Para en ellos dejar tal huella
que cueste mi cadáver
para borrarte.
Nunca borraré
de mis “puedo” los “si es contigo”.
Porque no soy Pinocho,
y si miento
lo único que me crece
son las ganas de olvidarme.
Nunca dejaré de quererte,
y si alguna vez dijera lo contrario,
que me corten la lengua.
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