Me abriré las venas, me saldrán palabras.

domingo, 15 de febrero de 2015

La ontogénesis de la perfección

Era el mármol precedente al David de Miguel Ángel.
Era Bukowski un segundo antes de probar el alcohol.
Era Nirvana sin Kurt, Extremo sin Robe, la Contrabanda sin Rulo.
Era el zapato perdido de Cenicienta.
Era la tentación previa al pecado original.
Era el holocausto de las emociones,
las gafas rotas de Lennon cuando le despojaron de la vida
y a la vez las voces en la cabeza de su asesino.

Era el camino contrario a las utopías,
el corazón infartado de un recién nacido,
el error del que no se aprende nada.

Era la religión en mi propio mundo,
el crucifijo de la involución,
el Santo Grial de las desdichas.
Era Dante dando su primer paso por el averno.

Era la miseria de ser solamente rico.
Era el misterio sin resolver de Agatha Christie.
Era el gladiador condenado a ser carne de león,
el látigo que fustigaba a los esclavos,
el último escalón a la horca.

Era el invierno sin sol de Escandar,
el fuego de Fahrenheit 451,
el salvaje en Un mundo feliz,
la soga sobre el cuello de Adela,
el huevo derecho de Salem.

Era el crisol de la melancolía,
la oveja extraviada (y negra) del rebaño,
la soledad entre la gente,
el frenesí del odio hacia uno mismo.

Era demasiado lo que no quería ser y muy poco lo que quería llegar a ser.

… Y apareciste aun así,
besando mis ruinas
como si fueras el sol
en un mar de girasoles.

Te convertiste
en el cincel obsesivo de la perfección,
en el vaso que colmó las lágrimas,
en el alma desgarrada de voz desgarradora,
en el reloj detenido a las 11:59,
en el mordisco a lo prohibido,
en la libertad de la esperanza,
en la inmortalidad que abrazó al artista al morir
y en el camino angosto hacia la locura.

Te convertiste
en el viento que sopla para que vuelva,
en el primer latido de un corazón roto,
en la inmóvil razón de la experiencia.

Te convertiste
en la asesina de Dios,
en la crucifixión de la ignorancia,
en la perdición de las creencias.

Te convertiste
en mi Norte y mi Sur,
en literatura ,
en la racionalidad de la evolución,
en la rebelión del amor,
en la musa que por fin consiguió un puesto de trabajo.

Te convertiste
en la nostalgia más bonita,
en la salida de emergencia del mundo,
en una imprescindible compañera de soledad,
en el “te quiero” que nunca pude decirme.

Te convertiste en todo lo que nunca creí 
que podría llegar a tener a mi alcance jamás.


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