Me abriré las venas, me saldrán palabras.

sábado, 14 de noviembre de 2015

LA NIEBLA

Apenas he comenzado a bailar con la vida
y ya tengo los pies en carne viva
de tanto pisotón con tacones
de doble filo.

Apenas he comenzado a pagar por mis errores
y sin saberlo tengo los bolsillos llenos
de monedas con dos caras
y millones de cruces;
endiabladamente rico de harakiris emocionales.

Vida,
a ti te pido un silencio de niebla,
una ceguera silenciosa
en mitad de este tango tan de muerte
como mi propia inexistencia.

Vida,
apenas he mordido la manzana
y de gusanos tengo el alma llena.
También llena de inoportunidades,
de destinatarios sin mensaje,
de borracheras sin alcohol
y con algo más que resaca.

Detrás de mí vienen los tambores,
el sonido agónico de un latido abatido,
de una marioneta que se ahoga
enredada en sus propios hilos.

Detrás de mí vienen las sombras
surcando la niebla
con palabras de oro
y manos de carbón;
endiabladamente sucias.

Vida,
ya no quiero más bailes de máscaras
a mi alrededor.
Estoy más que harto

de promesas de arena. 

sábado, 31 de octubre de 2015

Menos (contigo) es siempre más

Tengo un cielo volátil en el alma
que se agita grisáceo y tormentoso
cuando guarda el silencio estrepitoso
en lo más profundo de su calma.

No vuelo yo sin tus alas
ni deshago las nubes sin tus dedos;
sin ti me llena la nada
de un todo que sabe bien del vacío.

Tengo un hueco en este corazón esperpéntico
donde a fuego está tu nombre
y a hielo está tu ausencia,
donde dejo de ser hombre
para ser de tu cielo su esencia
y que ni tus lágrimas se queden sin sol.

De tantos peros mirando al suelo
y buscando aferrarse como cadenas a mis llantos
brotan de toda tú las anclas inversas,
las fuerzas antigravitatorias
del que quiere poder y puede,
del que quiere querer y quiere,
del que puede querer y no solo lo hace,
lo consigue.

Y ahora,
tengo menos que nunca,
pero nunca como ahora
he tenido más en mi vida.

domingo, 15 de febrero de 2015

La ontogénesis de la perfección

Era el mármol precedente al David de Miguel Ángel.
Era Bukowski un segundo antes de probar el alcohol.
Era Nirvana sin Kurt, Extremo sin Robe, la Contrabanda sin Rulo.
Era el zapato perdido de Cenicienta.
Era la tentación previa al pecado original.
Era el holocausto de las emociones,
las gafas rotas de Lennon cuando le despojaron de la vida
y a la vez las voces en la cabeza de su asesino.

Era el camino contrario a las utopías,
el corazón infartado de un recién nacido,
el error del que no se aprende nada.

Era la religión en mi propio mundo,
el crucifijo de la involución,
el Santo Grial de las desdichas.
Era Dante dando su primer paso por el averno.

Era la miseria de ser solamente rico.
Era el misterio sin resolver de Agatha Christie.
Era el gladiador condenado a ser carne de león,
el látigo que fustigaba a los esclavos,
el último escalón a la horca.

Era el invierno sin sol de Escandar,
el fuego de Fahrenheit 451,
el salvaje en Un mundo feliz,
la soga sobre el cuello de Adela,
el huevo derecho de Salem.

Era el crisol de la melancolía,
la oveja extraviada (y negra) del rebaño,
la soledad entre la gente,
el frenesí del odio hacia uno mismo.

Era demasiado lo que no quería ser y muy poco lo que quería llegar a ser.

… Y apareciste aun así,
besando mis ruinas
como si fueras el sol
en un mar de girasoles.

Te convertiste
en el cincel obsesivo de la perfección,
en el vaso que colmó las lágrimas,
en el alma desgarrada de voz desgarradora,
en el reloj detenido a las 11:59,
en el mordisco a lo prohibido,
en la libertad de la esperanza,
en la inmortalidad que abrazó al artista al morir
y en el camino angosto hacia la locura.

Te convertiste
en el viento que sopla para que vuelva,
en el primer latido de un corazón roto,
en la inmóvil razón de la experiencia.

Te convertiste
en la asesina de Dios,
en la crucifixión de la ignorancia,
en la perdición de las creencias.

Te convertiste
en mi Norte y mi Sur,
en literatura ,
en la racionalidad de la evolución,
en la rebelión del amor,
en la musa que por fin consiguió un puesto de trabajo.

Te convertiste
en la nostalgia más bonita,
en la salida de emergencia del mundo,
en una imprescindible compañera de soledad,
en el “te quiero” que nunca pude decirme.

Te convertiste en todo lo que nunca creí 
que podría llegar a tener a mi alcance jamás.


jueves, 1 de enero de 2015

El éxtasis de lo entrópico.

He venido a escribirte.
Otra vez.
E(re)s un vicio,
una manía enloquecedora
atada por falsas cadenas de acero,
de las que forjan las fobias
y también los sueños.

A escribirte he venido.
No, no me convenzo.
Nunca lo hago.
He venido a caer
sobre este cuadrilátero en blanco
para volver a recibirte con los versos abiertos,
por si algún día fueras más poesía en el papel
que en mi cabeza.

Ojalá nunca llegue ese día.
Ojalá no tenga que odiarme por despoetizarte.
Ojalá tú,
mi musa,
mi caos inspirativo,
echándome a falta de sal
tus labios sobre la herida.

Al insomnio he venido a por mi éxtasis lírico,
a encontrarme con esa sensación de hipnosis tan familiar,
tan de mirarte con cara no haber abierto nunca los ojos;
tan de tocarte como si me creyera Mark Knopfler con una guitarra;
tan de sentirte como si mi corazón no hubiera bombeado ni una vez
hasta haberte robado los besos, los orgasmos
y alguna que otra lágrima.

Espero, bajo el resplandor acosador de una lámpara
que hiperbolices la inspiración que tantas noches se me escapa.
Espero de tus besos las secuelas,
el mutismo de una palabra siendo ficha de dominó,
siendo una matrioska que esconda todas las demás;
todas las que me ayuden a escribirte,
a sentirte mía siendo esta poesía tan solo tuya;
a quererte sin medida, sin censura,
con toda mi vida
condensada
en mis dedos

cuando vengo a escribirte.