Me siento sucio.
Me he contaminado
de mí mismo y,
sin quererlo,
me he dejado envenenar.
Respiro.
Me siento extraño.
Soy forastero
hasta en mis propios pensamientos.
No me dejo entrar, ni salir,
ni siquiera estar.
"¿Dónde está mi sombrero?"
Me pregunto a ras de suelo.
"¿Dónde acaba un sombrerero
sin sombrero,
locura de terciopelo?"
Respiro.
Me siento finito.
Donde acaban mis huellas
empiezan mis sombras.
Otra vez engullido
por un halo oscuro,
sin estar solo.
Respiro.
Me siento atrapado.
Busco en la tentación
un camino insalvable
a la libertad,
resignándome a morir,
sin remedio,
con los ojos rojos,
la polla dura,
borracho,
drogado,
perdido,
solitario.
"¿Dónde está tu sonrisa?"
Preguntó, sin más, la luna,
"Murió entre premisas,
angustias, miedos y dudas."
Respiro.
Me siento... perdido.
¿Que dónde está mi hogar?
Mi hogar soy yo.
No paséis,
estoy en obras.
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