Allí estaba yo;
desorientado y casi esclavo.
Tras tanto traspiés decidí andar.
Estaba cansado de ser nadie.
Nadie como yo para empezar
a beber del aire otro aroma
más soleado y musical,
más de color libertad.
Estaba cansado de estar nublado.
Nublado no tenía sed
de desconocer el pasado,
de volar caminando,
de mariposas llenar el cielo.
Estaba cansado de ser un capullo.
Capullos hay más que traspiés.
Y escondidos como puñales
quieren vestirse de recuerdos
para cuando quieran volver.
Estaba cansado de hacerme el sordo.
Sordo como el más inútil de los ignorantes.
Siempre lamiendo huellas de sombras.
Que perdáis, capullos, el tren de vuelta
cuando os encuentre la suerte.
Estaba cansado de los pasajeros.
"Pasajeros al tren", pensaron.
Me senté solo en el vagón.
Veía por la ventana mariposas
quedándose en la estación.
Estaba cansado de perder el norte.
Norte equivocado en mi brújula,
tocaba comprar el billete de vuelta.
Y allí estaba yo...
"Cansado de morir sin vivir antes".
No hay comentarios:
Publicar un comentario