Me abriré las venas, me saldrán palabras.

lunes, 3 de septiembre de 2012

El valle de las rosas muertas.


Golpes a mi sombra, de sol a luna,
combatiendo contra mí, fingiendo.
Fingiendo mi sed de tu hermosura,
mi amor sin sed, sin ser tú me siento
desorientado.

Dolor a mí vuela, llantos cazando.
De huecos vacíos la cama llena.
Quisiera de ti un dónde y un cuándo,
pues detrás me escondo de la pena,
envenenado.

Temor por la espera, eterna estela.
Como mil gargantas atragantadas,
mil sobredosis de puñaladas,
que nunca corren, que siempre vuelan
de mi costado.

Cantar de amor no escribo, solo puertas.
Puertas de nadie y sin nadie, sin pomo.
Con sumo cuidado mi mente asomo
al valle baldío de las rosas muertas,
casi arrasado.

De piedra el corazón, no más que piedra.
Echo de menos lo que nunca fue,
lo salvaje de un volcán en erupción,
lo tierno de un aliento en el espíritu
acurrucado.



Mi norte zarpó donde nadie vuela,
donde una piedra corazones rompe,
donde un tierno volcán no dijo cuándo,
sin tornarse en mí ni siquiera dónde...

Inacabado.

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