Me abriré las venas, me saldrán palabras.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Hasta ponerme las botas

Surcaba por mi mente enrevesada
una canción lacónica y desesperada,
asustada.
Dolía en cada nota,
y hasta ponerme las botas de llanto
la escuché.

Susurraba cuánto me anhelaba,
en su seno de amargura cálida y frágil,
rota por dentro,
a duras penas y flojas alegrías
susurraba cuánto se alejaba
de todo lo que quería,
y hasta ponerme las botas de espanto
la escuché.

Supuraba rastros de inocencia perdida,
como si las lágrimas más bellas
de sus ojos
sufrieran,
lloraran,
murieran de locura agónica y seca.
Supuraba rasgos de anhelo infinito,
y hasta ponerme las botas de quebrantos,
la escuché.

Se marchó,
y marché.
Sin más despedidas
que una cortina de humo
entre los dos.
Una matrioska llena de mentiras
y de desengaños.
Se marchó,
y hasta ponerme las botas de desencanto,
me escuché,
y jamás, pero jamás,
volví a escucharla susurrar, supurar ni surcar
en la oscuridad de la noche.